LOCALIZACIÓN

CONTACTO

Colegio Mayor Padre Poveda

c/ Isaac Peral 60

28040 Madrid

+34 91 456 25 89

secretaria@cmppoveda.es

  • White Instagram Icon

Próximo a la Plaza de Cristo Rey y a la Ciudad Universitaria. Buena comunicación con la línea 6 (Circular) y 7 del Metro: Estaciones de Vicente Aleixandre y Guzmán el Bueno e Islas Filipinas, respectivamente; y con las líneas de autobuses: Circular (C1 y C2), 2, 12 y 44.

Aviso legal

CALENDARIO

El CM Padre Poveda forma parte del Consejo de Colegios Mayores de España y de la Asociación de Colegios Mayores de Madrid

Pedro Poveda

Su padre era químico en una Sociedad minera y concejal del Ayuntamiento. Desde muy niño sintió atracción por el sacerdocio y, apenas cumplidos los diez años, manifestó su deseo de estudiar en el Seminario de Jaén. Tras prolongada insistencia, lo consiguió al terminar el segundo curso de Bachillerato, a condición de que hiciera a la vez los estudios eclesiásticos y los civiles. En 1893 obtuvo el  título de Bachiller.

En esos años aprendió a mirar con caridad a  los pobres de los suburbios y a los numerosos  emigrantes que trabajaban en las minas.

Por dificultades económicas de la familia, a  causa de la enfermedad del padre, en 1894 se  trasladó al Seminario de Guadix (Granada),  donde le fue concedida una beca por el Obispo de esta Diócesis, el Siervo de Dios Maximiano Fernández del Rincón.

San Pedro Poveda

 

Pedagogo y humanista, mártir. Fundador de la Institución Teresiana.

Pedro Poveda Castroverde nació en Linares (Jaén) el día 3 de diciembre de 1874. Allí recibió el Bautismo en la Parroquia de Santa María una semana después, y la Confirmación el 5 de abril de 1875. Fue el mayor de seis hermanos, hijos del matrimonio compuesto por don José y doña María Linarejos.

 

 

 

 

Allí terminó sus estudios y el 17 de abril de 1897, sábado santo, fue ordenado sacerdote en la capilla del Obispado, donde celebró su primera Misa solemne el día 21.

El comienzo de su vida sacerdotal estuvo plenamente dedicado al servicio de la Diócesis. Fue Vicesecretario del Obispo y Secretario del Gobierno Eclesiástico, Profesor y Director espiritual del Seminario, impulsó las Conferencias de San Vicente de Paúl y la Obra de la Propagación de la Fe, y organizó misiones y catequesis con los seminaristas. También se dedicó al estudio y en 1900 obtuvo el título de Licenciado en Teología.

En las cuevas de Guadix

Desde 1902, a partir de la misión cuaresmal, predicada en colaboración con el capellán de la Ermita Nueva de las cuevas de Guadix, incorporó a sus actividades la de promover humana y cristianamente a estos habitantes, con paro, hambre, analfabetismo y soledad, y comenzó a establecer relaciones entre la ciudad y la periferia. Con ayudas de entidades públicas y de particulares pudo construir las “Escuelas del Sagrado Corazón de Jesús”, pagar a los maestros, dar de comer a algunos niños y crear clases nocturnas y talleres para adultos, realizando una importante tarea humanitaria, educativa y de formación profesional y cristiana en este amplio sector de la población, marginado y carente de recursos. Guadix le reconoció esta importante tarea, nombrándolo “Hijo adoptivo predilecto” y dedicándole una calle de la localidad.

Ante las inevitables dificultades que también encontró, en 1905 se trasladó a Madrid con el deseo de hacer otra fundación para niños de la calle, que no fue posible. En 1906 fue nombrado canónigo de la Basílica de Santa María de Covadonga (Asturias), donde permaneció siete años. 

Mirando a la Santina de Covadonga

 

Atento siempre al entorno en que vivía por exigencia de su fe, se preocupó pronto por los peregrinos que se acercaban a la Virgen, y escribió libros para orientar su vida cristiana y su oración. En Covadonga, “mirando a la Santina”, descubrió la llamada que en adelante daría sentido a su vida: la importancia de la función social de la educación y de que los maestros estuvieran bien preparados profesionalmente, vivieran su fe de modo coherente y responsable, fueran solidarios y supieran cooperar. Tuvo la audacia de proponer un amplio plan de formación y coordinación del profesorado católico y, dispuesto siempre a “comenzar haciendo”, desde 1911 fundó Academias para estudiantes de Magisterio, Centros Pegagógicos y Revistas, germen de la Institución Teresiana.

Para impulsar mejor estas fundaciones, que agrupaban a personas dedicadas a evangelizar en el mundo de la educación y de la cultura, en 1913 se trasladó a Jaén, donde fue canónigo de la Catedral, se hizo Maestro y trabajó como profesor del Seminario y de las Escuelas Normales. Allí conoció a la Sierva de Dios María Josefa Segovia, su principal colaboradora, y después primera Directora General de la Institución Teresiana.

El desarrollo de esta Obra, que se amplió con nuevas Academias y Centros Pedagógicos en distintas provincias y, en 1914 en Madrid con la primera Residencia universitaria femenina de España, favoreció que la Institución Teresiana fuera reconocida civilmente en 1917 en Jaén a tenor de la vigente Ley de Asociaciones, y obtuviera aprobación eclesiástica diocesana como Asociación de seglares, según el Código de Derecho Canónico recién promulgado. Quedó constituida desde el principio como una Institución laical compleja, con un núcleo plenamente comprometido en la enterga a Jesucristo y en la misión y diversas asociaciones cooperadoras. Se acogía a la titularidad de Teresa de Jesús, “doctora y santa”, y proponía como estilo de vida el de los primeros cristianos.

Atento siempre a las necesidades de su entorno, en Jaén fue también Decano de la Academia de Estudios Superiores, Director espiritual del Centro Obrero, miembro de la Junta de Reclusos y Libertos, Vocal de la Junta Provincial de Beneficencia, y socio de la Asociación de la Prensa y de la Real Sociedad de Amigos de País. En 1912 se había inscrito en la Unión Apostólica de Sacerdotes Seculares, de carácter internacional, a la que perteneció siempre.

 

En Madrid

 

En 1921 fue nombrado capellán real, lo que le obligó a residir en Madrid. Allí recibió otras comisiones, como ser Vocal de la Junta Central contra el Analfabetismo, y se dedicó también a consolidar la Institución Teresiana, que obtuvo aprobación pontificia en 1924 como “Pía Unión” (Asociación de Fieles), con las características de cristocentrismo, vivencia del Espíritu, marianismo y conciencia de ser lglesia.

 

Pedro Poveda fue maestro de oración, pedagogo de la vida cristiana y de las relaciones entre la fe y la ciencia, y supo ofrecer su Institución para la formación integral de la mujer estudiosa. Estaba convencido de que los cristianos podían y debían aportar, a la sociedad pluralista contemporánea, enfoques, valores y compromisos sustanciales para la construcción de un mundo más justo y solidario. Con este fin promovió la presencia de hombres y mujeres de fe en los sectores públicos y privados de la sociedad. Así, colaboró con la Acción Católica como Consiliario de Padres de Familia y organizador de las Estudiantes Universitarias; fue uno de los fundadores, en 1929, de la “Federación de Amigos de la Ensenanza” (FAE); organizó Semanas pedagógicas y educativas, perteneció al Consejo de Redacción de la Revista “Atenas”; promovió planes para la creación de Escuelas en zonas rurales defavorecidas y elaboró un proyecto de Universidad católica en España, como comenzaban a existir en algunos paises europeos. Además, desde 1930 perteneció a la Hermandad del Refugio y Piedad, para atender a pobres, vagabundos y enfermos.

Entre 1931 y 1936 escribió abundantemente sobre "espíritu y ciencia”, que definía como la “forma sustancial” de la Institucion Teresiana. Aunque no formaba parte de los organismos directivos de la misma, continuó promoviendo su desarrollo en los distintos ámbitos de su misión, impulsó la relación con organizaciones internacionales y la presencia en nuevos países como Chile (1928) e Italia (1934).

En estos años difíciles de persecución a la Iglesia en España, instó continuamente a la no violencia. Decía: “la mansedumbre, la afababilidad, la dulzura son las virtudes que conquistan al mundo”. A la vez, su deseo de vivir la fe hasta la entrega de la propia vida si fuese necesario, manifestado en algunas ocasiones, había llegado a constituir en él una verdadera espiritualidad martirial. El 27 de julio de 1936, cuando acababa de celebrar la Eucaristía, fue detenido en su casa de la calle de La Alameda de Madrid. No ocultó su identidad ante quienes fueron a buscarlo: “Soy sacerdote de Jesucristo”. Unas horas después, al ser separado de su hermano, que le había acompañado, le dijo: “Serenidad, Carlos, se ve que el Señor, que me ha querido fundador, me quiere también mártir”. A la mañana siguiente una profesora y una joven doctora de la Institución Teresiana encontraron su cadáver junto a la capilla del cementerio de La Almudena, con signos de haber recibido disparos de bala. Sobre su pecho aparecía, atravesado, el escapulario de la Virgen del Carmen. Tenía sesenta y un años de edad. Trasladaron su cadáver a la sacramental de San Lorenzo, donde recibió sepultura el día 29.

La UNESCO lo reconoció humanista y pedagogo en 1974, en el centenario de su nacimiento.

Fue beatificado por el Papa Juan Pablo II en Roma el día 10 de octubre de 1993 y canonizado en Madrid el 4 de mayo de 2003 por sus virtudes y su martirio. Sus reliquias se encuentran en la Casa de Espiritualidad de Santa María de Los Negrales (Madrid) y su memoria litúrgica se viene celebrando el día 28 de julio. Fue presbítero, mártir y fundador de la Institución Teresiana.

 

TEXTOS DE SAN PEDRO POVEDA

 

"Cristo es para nosotros camino, verdad y vida. Camino por donde hemos de ir al Padre, camino único, fuera del cual no podemos caminar. Llegar al término, sin pasar por el camino, es imposible. Cristo es la verdad. Verdad sustancial, increada, eterna. Conociendo a Cristo se conoce toda la verdad, se está libre de todo error, de toda ilusión, se saben apreciar las cosas según lo que valen. Cristo es vida. En Él está la vida, separados de Él no podemos tenerla, cuando nos falta Cristo estamos muertos. Esta vida no es como la del mundo, caduca y transitoria; es eterna."

 

 "Los hombres y las mujeres de Dios son inconfundibles. No se distinguen porque sean brillantes, ni porque deslumbren, ni por su fortaleza humana, sino por los frutos santos, por aquello que sentían los apóstoles en el camino de Emaús cuando iban en compañía de Cristo resucitado a quien no conocían, pero sentían los efectos de su presencia."

 "Las manifestaciones de vida en todos los órdenes, moral, intelectual y, hasta físico, las apreciamos siempre por la intensidad de la vida Eucarística. Porque es preciso para mantener la vida del espíritu que seamos perseverantes en la recepción del pan de vida, así como para conservar la del cuerpo hay necesidad del alimento cotidiano. En suma, si la obra que realizamos es de apostolado, si el fin es sobrenatural, si la vida que llevamos es del mismo orden, necesitamos de un alimento, de un sustento proporcionado, y este alimento es el cuerpo y la sangre de Cristo"

 "Sí, el Maestro dice a sus discípulos: La paz os dejo, mi paz os doy; pero añade: no os la doy como la da el mundo. Su paz es orden, armonía, gracia; es compatible con los dolores, amarguras y persecuciones; existe aun cuando todo se conjure contra sus discípulos; es la paz del alma, del corazón, de la conciencia, del cumplimiento del deber, de la razón que estima y aprecia en su justo valer las cosas, de la fortaleza que se mantiene intrépida en la lucha, que no es vencida por halagos, ni por amenazas. De aquí que Cristo añadiera a sus últimas palabras referidas: No se turbe vuestro corazón ni se acobarde."

 "Habéis de trabajar, orar, sufrir, como si todo el fruto dependiera de vuestro esfuerzo, pero persuadidos de que ni el que planta es algo, ni el que riega; que nada podréis por vosotros mismos; que Dios es el que da el fruto. A Él habéis de encaminar toda la gloria, a Él debéis referirlo todo, de Él debéis esperarlo todo. Lejos de vosotros la vanidad, la presunción y hasta la satisfacción, si veis el fruto. Mirad que todo es de Dios; temed arrebatarle la gloria que le pertenece. Tened sólo un anhelo; que toda la gloria sea para el Señor, cuyo es el fruto, cuya es la virtud, la potencia, la eficacia."

 "Así ha de ser vuestra vida: toda de Dios. Pero siendo de Dios toda, ha de distinguirse por su carácter eminentemente humano, el cual, informado por una vida toda de Dios, se perfecciona, pero no se desnaturaliza. Vida henchida de Dios. Sí; del Dios que hizo lo humano para perfeccionarlo y no para destruirlo. Yo quiero, sí, vidas humanas; pero como entiendo que estas vidas no podrán ser cual las deseamos si no son vidas de Dios, pretendo comenzar por henchir de Dios a los que han de vivir una verdadera vida humana...."

 "La Encarnación bien entendida, la persona de Cristo, su naturaleza y su vida dan, para quien lo entiende, la norma segura para llegar a ser santo con la santidad más verdadera, siendo al propio tiempo humano con el humanismo verdad."

Pedro Poveda